La explosión se escuchó lejana, sin embargo abrumó el corazón de Osvaldo al acelerar sus latidos hasta rozar el miedo.
El sentido de atención indagó a su alrededor para descubrir señales ajenas a lo cotidiano sin descubrir nada destacable. Retomó sus tareas para tranquilizar el ánimo, pero no resultó. Pocos minutos después, la curiosidad de la mano del temor lo obligó a levantarse y caminar hacia el sonido. Salir de su oficina y recorrer lo necesario resultó ser la premisa.
El rumbo tomado lo lleva hacia la zona del hotel donde residen sus amigos, que llegaron a la ciudad para festejar su cumpleaños, recordando cada rostro mezclado con el ulular de las sirenas. Aceleró el caminar a fin de agotar la imaginación, y nuevamente el fracaso lo atrapó en la madeja de lo incierto. Intentó comunicarse pero la señal se anuló por seguridad, siempre respondiendo a los códigos civiles ante supuestos atentados.
Cierto escape de gas mezclado con la libertad del fuego conjugó la tarea de la emisión del estruendo, dejando en el silencio un cúmulo de escombros, lamentos y llamas rebeldes. Bomberos, policías, médicos y civiles ayudan en el socorro de los heridos, ignorando nombres y profesiones; una manto de solidaridad cubre el ambiente y relaja todas las diferencias sociales y políticas. |
Osvaldo se mantiene a distancia debido al gentío y los controles perimetrales, tratando de sorprenderse con buenas noticias, pero a medida que las cifras aumentan cierta desazón lo embriaga hasta el llanto silencioso de la angustiosa duda. El hilo de la esperanza adelgaza al ritmo del avance irrevocable del tiempo, pero sus pies se sostienen con la fuerza de la ignorancia informativa, imaginado desde familias en duelo hasta abrazos alegres al saberlos fuera de allí, sabiendo que no se retirará hasta aclarar el tema.
Las voces que claman su nombre lo remontaron a la nueva realidad. Sus amigos lo buscan entre la multitud, conocedores de su lealtad y preocupación por ellos, volviendo apresurados al ver en el noticiero el incidente. Al descubrirlo apretujaron su cuerpo cada uno de ellos hasta saciarse de consuelo, desplegando risas que animan y palabras de cariño hasta relajar el momento y encaminarlo hacia la dicha vivencial.
Pronto tomaron conciencia de que perdieron todas las pertenencias, incluyendo valores, regalos, recuerdos y prendas, resultando la única opción ir a refugiarse en la morada de Osvaldo con las manos vacías de cosas, y con esta suerte emocional festejaron un cumpleaños rebosante de nacimientos y amistad, dando tregua al esfuerzo para regocijarse en la prosperidad de los afectos. |