Dentro de las relaciones sociales descubrimos cierta alongada ecuación con términos como respeto, consideración y tolerancia entre muchos más.
En momentos aciagos de la historia observamos un revuelto de abundante oscuro y pocos pequeños claros disgregados y diseminados por allí, cuya relevancia resulta vital puesto que son las reservas de esperanza que permiten al tiempo avanzar sin el derrumbe completo del conjunto social. La paradoja de esos claros es que están representados por una venda que cubre los ojos, en medio de la balanza y la espada, no dejando ver claramente la delgada línea que diferencia entre el reclamo de justicia y la venganza generada por la impotencia anterior.
Al retroceder un solo paso en el tiempo, o sea antes de la situación en juego, revelamos que predominaba el orden acostumbrado, o sea que de manera lenta y progresiva el juego devoró al hábito con la complacencia de quienes resguardaban el orden, o sea entes como la Justicia, el Congreso y otros organismos pilares de control. Estos últimos pueden resultar felizmente violados por apariencias políticas o veleidades monetarias, tanto en cargos importantes como de menor cuantía, pero nunca en su totalidad.
El rol de la Justicia conforma una de las tres extremidades que sostiene a cualquier estructura, libre e independiente como las otras dos, pero firme y segura para cumplir su cometido. Cuando su función se oxida de temor —o de prebendas— se flexiona y también el conjunto, y depende de sus compañeras si continúa curvándose, si vuelve a erguirse o si su actual postura permanece de manera crónica. Resulta claro que nunca, bajo ninguna coyuntura, debe dejar de existir, puesto que su imagen social infunde respeto, genera sumisión y demarca la senda que recorrerán las tres generaciones en el presente. |
Si bien la Justicia no debe diferenciar a los inculpados bajo su ejido, descubrimos que clasifica a los individuos según su nivel social, económico y popularidad, asumiendo consideraciones ajenas a su funcionalidad con su solo permiso y aprobación. Conceptúa su discernimiento con la autoridad absoluta de sus decisiones aplicadas en direcciones inconstantes, y genera así cierto temor social que libera acciones nunca antes ejercidas. El conjunto tolera lo uniformado cuando los mismos se respetan a sí mismo, ofreciendo la seguridad que lo correspondiente es aplicado de manera absoluta, siendo este el requisito para contemplar a la consideración como un elemento de justicia.
El impulso de la venganza resulta sosegado por la Justicia a fin de imponer determinada tolerancia dentro del deporte social, o bien para otorgar a los débiles auténticas armas que equilibren entre el abuso y el respeto, dando forma a un bastidor que consolida al grupo en el espacio de tiempo más corto, ya que la evolución incrementa el deseo de poseer y los valores migran desde lo etéreo hacia la materia, para terminar valorando lo vaporoso del ayer, siendo los espacios temporales prolongados y la óptica de justicia vira siempre hacia el bienestar circunstancial. |