Al aceptar el rol del poder se admite esta doble responsabilidad de manera activa, con indiferencia, o bien en el sentido absolutista de solo ser atendido, el resto es auto-responsabilidad del mismo inferior. Pero solo atendamos para este análisis al primer caso de equilibrio, quien comprende su doble función de orientador social y escudo de estructuras que permiten construir esa seguridad de pertenecer al conjunto.
En la faceta diamantada de orientar es fácil resbalar y confundir el rumbo, siempre es factible redireccionar para enfocar una nueva bifurcación que se supone mejor ante al estudio de quienes concentran sus energías intelectuales en los temas concernientes a las respectivas sabidurías, a sabiendas que la sociedad acatará las pautas emitidas que mejorarán el bienestar común. Se debe considerar que para alentar a estos funcionarios adictos al saber y atentos al auténtico progreso generalizado, se les responde con salarios elevados, bonificaciones y demás prebendas que les permite enajenarse de los problemas mundanos de cubrir las necesidades básicas corporales como de posesión.
A fin de equilibrar la balanza económica funcional, el dinero social se reúne con los abonos que realizan los mismos componentes de la sociedad, de los que a su vez son protegidos de la autoridad, tanto de factores externos como de internos, resulten bélicos ó solo agresivos y amenazantes, como también vulgares delincuentes.
No obstante suele ocurrir que el olvido supera lo tangible, y se invierten los roles ante el miedo a la difamación electoral; se sugiere a los que pagan que se cubran de rejas para su protección, o bien se cierran caminos de libre circulación pues los que manifiestan agresión pueden lastimar, logrando así que un ente ordenador de convivencia como la policía confunda sus funciones al proteger a los vándalos de la agresión civilizada, menoscabando así ciertas bases de convivencia para deambular por el camino de la comprensión hacia los marginados infractores sociales. |
Esta errática postura denota un debilitamiento judicial, donde el denunciante se halla en el filo del peligro vengativo, mientras el denunciado goza de derechos legales y protección de su libertad, tratando que vuelva hacia la cordura y se adapte al medio para que pague sus impuestos, resultando una inversión monetaria elevada en sueldos y gastos que no goza el ciudadano con su recto comportamiento, hasta ciertas veces agredido y amenazado por la misma autoridad si no abona sus obligaciones en tiempo y forma.
Este vuelco conceptual genera disconformidad y rebeldía en la pacífica sociedad, cuya membrana de paciencia puede deteriorarse ante cualquier acto ínfimo, o bien en la urna de la opinión, alcanzando el mismo objetivo que desea la oposición pero de manera pasiva, sin más esfuerzo que deslumbrar con la calumnia, con el infantil oprobio o sumergir a la autoridad en el barro de la deshonra de un sistema ordenado y cabal.
Si el rival logra su finalidad con la inoperancia de la autoridad, o bien por el camino de la palabra siempre en contra, cualquier acto de la dirigencia elegida por la mayoría es útil para desacreditar, en consecuencia actuar en beneficio de lo normal resulta plausible, ya que hacer respetar las leyes sociales no significa represión, sino instaurar orden para que luego la justicia actúe en su rol, también sin miedo ni amenazas nunca cumplidas. |